Francisco López Romito, de San Juan, Argentina a España

De San Juan, con estudios universitarios en Mendoza y posterior etapa de inmigración en Barcelona y Madrid, Francisco López Romito, Pancho López para muchos, ha realizado una gran carrera en España. Esta nota se publico en la revista RAÍZ ARGENTINA de febrero 2009.
Por Eduardo Aldiser
Exiliado en los 70, licenciado en economía y finanzas, ha participado en los equipos de la reconversión industrial de los 80 y ahora trabaja en proyectos de formación para los países andinos del Pacífico. Una peripecia vital que vamos a recorrer en tres notas. La siguiente nos servirá para situarlo en la reconversión española y una tercera para ahondar en los detalles del proyecto de OIT “Migrandina”.
E. A.: ¿Cómo crees que nos irá a los argentinos ante la actual crisis en España?
Lo sabemos muy bien nosotros, los argentinos, que hemos nacido en familias y en un país de inmigrantes: el inmigrante sale adelante. Ellos han salido de los pueblos y ciudades donde vivían para mejorar y además está obligado a triunfar en su empeño, sabiendo que no tienen red de apoyo… no está la familia, no hay nadie. Se crea con los nuevos amigos una cobertura y puntos de apoyo.
La apertura a la nacionalidad para los descendientes españoles que viven en Argentina ¿Traerá un nuevo flujo de inmigrantes?
Yo pienso que el efecto va a ser pequeño, porque la mayoría de los argentinos que piensan emigrar o han adquirido la nacionalidad italiana, de otros países europeos de origen y aún la española… gran parte de los argentinos ya han recuperado la nacionalidad de sus abuelos. Yo creo que las cifras que han salido en los periódicos son excesivas y no puedo calificarlas de optimistas o pesimistas, depende desde que prisma se vea.
Yo no creo que por la mayor facilidad para recuperar la nacionalidad, se vaya a modificar lo que es el flujo de salida. Hay que tener en cuenta que los dos grandes procesos emigratorios fueron porque nos echaron con la dictadura o después, en el 2001, con el corralito. Son los dos grandes momentos de emigración de Argentina para acá. Es decir, desestabilización y crisis política ó tremenda crisis económica.
¿Ahondamos en el tema?
En los dos casos, quienes hemos venido de Argentina, mayoritariamente formamos parte de las clases medias, es decir… de las clases medias profesionales, de las clases medias ilustradas o de la pequeña burguesía de comerciantes e industriales. En general, no hay trabajadores no cualificados en nuestro colectivo. Básicamente hablamos de clase media de raíz europea, de cultura europea, con gran mayoría de origen italiano o español… o mixto.
En el primero, el del exilio, no era emigración sino que era destierro. A mi me sacaron de la cárcel, me pusieron en un avión y me entregaron el pasaporte cuando el avión, que venía sin escala de Buenos Aires a Madrid, toco pista en Barajas.
En aquella época, aunque la causa era distinta, sin embargo los argentinos que llegamos nos encontramos sin política de inmigración ni de nada; en general nos integramos rápidamente ¿Por qué? Lo primero es porque hay una componente cultural de los argentinos. Los argentinos descendemos de los barcos… es decir, descendemos de la inmigración. Formamos parte de una sociedad de distintos orígenes que se ha fusionado y por lo tanto no nos sentimos extraños en otras realidades nacionales o culturales.
Allá hemos vivido una fusión de culturas y nos acostumbramos a que el origen no era el que definía la posición del individuo en la sociedad, sino otros caracteres… como el status social, el profesional o el político, pero nunca el origen. Jamás el origen.
En mi caso, primero no conseguía empleo en ningún lado. Luego entré a trabajar en una consultora para PYMEs en Barcelona, donde me radiqué al llegar. De allí pasé luego a la UGT.
Pero quiero contar esta experiencia… fui uno de de los fundadores de la Casa Argentina en Barcelona. Recuerdo que íbamos al puerto, que todavía llegaban los barcos de pasajeros, y llegaba la gente de nuestro país que no tenía nada. Nosotros habíamos conseguido que tuvieran atención médica en los hospitales del Ayuntamiento y conseguimos crear una red social de apoyo y ayuda.
Pero que ocurrió con la Casa de Argentina… vimos en unos dos años que la gente ya estaba instalada y era autosuficiente, ya no nos necesitaba. Entonces la Casa Argentina se disolvió porque no podía convertirse en un lugar donde los grupos de paisanos dirimieran sus diferencias ideológicas. Su razón de ser había sido otro y lo había cumplido ampliamente.
¿Qué ha pasado con la segunda emigración, la económica?
Ha pasado lo mismo. Las organizaciones de inmigrantes argentinos en Madrid (donde vivo desde hace muchos años), podríamos decir que no existen o no las tiene en cuenta el que llega. ¿Por qué? Porque es un colectivo que no necesita en lo fundamental de instrumentos de colaboración y apoyo. Esto se explica por el origen social del que hablamos antes.
Además es muy importante saber cuál es la concepción que tenemos acerca del papel de uno en el mundo. En el Congreso sobre Gestión de la Diversidad, realizado recientemente en Almería, lo vimos con la exposición de un argentino. Los otros representantes de varios colectivos hablaban para quejarse que les iba mal acá, sin preguntarse o recordar cómo les iba en su tierra y porqué emigraron.
El inmigrante argentino, que tiene un restaurante en el centro de Mallorca, vino a decir más o menos, según recuerdo, que.. .”Yo se que aquí tengo menos ayuda porque no tengo el grupo social para que me apoye, pero tengo que salir adelante. No ando llorando por las esquinas. Es más, agradezco las facilidades que me brindan. Soy conciente que tengo más dificultades que el español y no es porque haya racimo… es que el otro tiene los contactos, el conocimiento, todo cuanto le viene desde generaciones atrás”.
En esta segunda etapa ha pasado lo mismo… el colectivo argentino por origen histórico está mucho más preparado para la globalización. Eso no quiere decir que no se mantengan los vínculos y que no se mantenga el interés por lo que pasa, sufre o goza el país de origen.
Desde el punto de vista de la comunicación y de la información se ven necesitados de tener puntos de encuentro que nos permitan alimentar la nostalgia que aprendimos a sentir a partir de nuestros abuelos y que está reflejada en el tango, la literatura, el teatro, el cine y en nuestras charlas de amigos.
¿Y allá, que ha pasado?
En Argentina no podemos hablar de integración sino de fusión, en términos reales. La integración es un fenómeno donde deben participar dos. No es la integración solo del que viene.
Los argentinos somos italianos. Es cierto, pero no somos iguales a los italianos, somos argentinos. Los argentinos somos españoles. Sí, pero no somos iguales a los españoles. Ni somos iguales a los sirios libaneses aunque seamos nietos de ellos. O a los judíos o suizos alemanes. Pero no somos ni uno ni otro porque, de la mezcla total, salieron los argentinos.
La integración allá fue diferente, porque los abuelos cortaron lazos y apenas si sabemos en algunos casos de donde habían venido. Les importaba muy poco recordarlo. Con las dificultades de la comunicación, no se mantuvo la relación con su tierra.
La hija mayor de mi abuelo López, contaba que las cartas que enviaban a los parientes desde Argentina, explicándoles todo sobre el país, como vivían, que hacían y cómo los ayudarían si decidían emigrar, a esas cartas, aquí en España los familiares las identificaban como las “cartas de llamada”.
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Lo sabemos muy bien nosotros, los argentinos, que hemos nacido en familias y en un país de inmigrantes: el inmigrante sale adelante. Ellos han salido de los pueblos y ciudades donde vivían para mejorar y además está obligado a triunfar en su empeño, sabiendo que no tienen red de apoyo… no está la familia, no hay nadie. Se crea con los nuevos amigos una cobertura y puntos de apoyo.
La apertura a la nacionalidad para los descendientes españoles que viven en Argentina ¿Traerá un nuevo flujo de inmigrantes?
Yo pienso que el efecto va a ser pequeño, porque la mayoría de los argentinos que piensan emigrar o han adquirido la nacionalidad italiana, de otros países europeos de origen y aún la española… gran parte de los argentinos ya han recuperado la nacionalidad de sus abuelos. Yo creo que las cifras que han salido en los periódicos son excesivas y no puedo calificarlas de optimistas o pesimistas, depende desde que prisma se vea.
Yo no creo que por la mayor facilidad para recuperar la nacionalidad, se vaya a modificar lo que es el flujo de salida. Hay que tener en cuenta que los dos grandes procesos emigratorios fueron porque nos echaron con la dictadura o después, en el 2001, con el corralito. Son los dos grandes momentos de emigración de Argentina para acá. Es decir, desestabilización y crisis política ó tremenda crisis económica.
¿Ahondamos en el tema?
En los dos casos, quienes hemos venido de Argentina, mayoritariamente formamos parte de las clases medias, es decir… de las clases medias profesionales, de las clases medias ilustradas o de la pequeña burguesía de comerciantes e industriales. En general, no hay trabajadores no cualificados en nuestro colectivo. Básicamente hablamos de clase media de raíz europea, de cultura europea, con gran mayoría de origen italiano o español… o mixto.
En el primero, el del exilio, no era emigración sino que era destierro. A mi me sacaron de la cárcel, me pusieron en un avión y me entregaron el pasaporte cuando el avión, que venía sin escala de Buenos Aires a Madrid, toco pista en Barajas.
En aquella época, aunque la causa era distinta, sin embargo los argentinos que llegamos nos encontramos sin política de inmigración ni de nada; en general nos integramos rápidamente ¿Por qué? Lo primero es porque hay una componente cultural de los argentinos. Los argentinos descendemos de los barcos… es decir, descendemos de la inmigración. Formamos parte de una sociedad de distintos orígenes que se ha fusionado y por lo tanto no nos sentimos extraños en otras realidades nacionales o culturales.
Allá hemos vivido una fusión de culturas y nos acostumbramos a que el origen no era el que definía la posición del individuo en la sociedad, sino otros caracteres… como el status social, el profesional o el político, pero nunca el origen. Jamás el origen.
En mi caso, primero no conseguía empleo en ningún lado. Luego entré a trabajar en una consultora para PYMEs en Barcelona, donde me radiqué al llegar. De allí pasé luego a la UGT.
Pero quiero contar esta experiencia… fui uno de de los fundadores de la Casa Argentina en Barcelona. Recuerdo que íbamos al puerto, que todavía llegaban los barcos de pasajeros, y llegaba la gente de nuestro país que no tenía nada. Nosotros habíamos conseguido que tuvieran atención médica en los hospitales del Ayuntamiento y conseguimos crear una red social de apoyo y ayuda.
Pero que ocurrió con la Casa de Argentina… vimos en unos dos años que la gente ya estaba instalada y era autosuficiente, ya no nos necesitaba. Entonces la Casa Argentina se disolvió porque no podía convertirse en un lugar donde los grupos de paisanos dirimieran sus diferencias ideológicas. Su razón de ser había sido otro y lo había cumplido ampliamente.
¿Qué ha pasado con la segunda emigración, la económica?
Ha pasado lo mismo. Las organizaciones de inmigrantes argentinos en Madrid (donde vivo desde hace muchos años), podríamos decir que no existen o no las tiene en cuenta el que llega. ¿Por qué? Porque es un colectivo que no necesita en lo fundamental de instrumentos de colaboración y apoyo. Esto se explica por el origen social del que hablamos antes.
Además es muy importante saber cuál es la concepción que tenemos acerca del papel de uno en el mundo. En el Congreso sobre Gestión de la Diversidad, realizado recientemente en Almería, lo vimos con la exposición de un argentino. Los otros representantes de varios colectivos hablaban para quejarse que les iba mal acá, sin preguntarse o recordar cómo les iba en su tierra y porqué emigraron.
El inmigrante argentino, que tiene un restaurante en el centro de Mallorca, vino a decir más o menos, según recuerdo, que.. .”Yo se que aquí tengo menos ayuda porque no tengo el grupo social para que me apoye, pero tengo que salir adelante. No ando llorando por las esquinas. Es más, agradezco las facilidades que me brindan. Soy conciente que tengo más dificultades que el español y no es porque haya racimo… es que el otro tiene los contactos, el conocimiento, todo cuanto le viene desde generaciones atrás”.
En esta segunda etapa ha pasado lo mismo… el colectivo argentino por origen histórico está mucho más preparado para la globalización. Eso no quiere decir que no se mantengan los vínculos y que no se mantenga el interés por lo que pasa, sufre o goza el país de origen.
Desde el punto de vista de la comunicación y de la información se ven necesitados de tener puntos de encuentro que nos permitan alimentar la nostalgia que aprendimos a sentir a partir de nuestros abuelos y que está reflejada en el tango, la literatura, el teatro, el cine y en nuestras charlas de amigos.
¿Y allá, que ha pasado?
En Argentina no podemos hablar de integración sino de fusión, en términos reales. La integración es un fenómeno donde deben participar dos. No es la integración solo del que viene.
Los argentinos somos italianos. Es cierto, pero no somos iguales a los italianos, somos argentinos. Los argentinos somos españoles. Sí, pero no somos iguales a los españoles. Ni somos iguales a los sirios libaneses aunque seamos nietos de ellos. O a los judíos o suizos alemanes. Pero no somos ni uno ni otro porque, de la mezcla total, salieron los argentinos.
La integración allá fue diferente, porque los abuelos cortaron lazos y apenas si sabemos en algunos casos de donde habían venido. Les importaba muy poco recordarlo. Con las dificultades de la comunicación, no se mantuvo la relación con su tierra.
La hija mayor de mi abuelo López, contaba que las cartas que enviaban a los parientes desde Argentina, explicándoles todo sobre el país, como vivían, que hacían y cómo los ayudarían si decidían emigrar, a esas cartas, aquí en España los familiares las identificaban como las “cartas de llamada”.